Pasan las semanas de mis prácticas en atención primaria, y
cada día me sorprende más lo tanto que estoy disfrutando las prácticas. Podría
decir que son las prácticas que más estoy disfrutando y aprendiendo de los
cuatro años que he realizado.
El centro de salud suele aparentar en el papel de enfermería
como un trabajo menos valorado que en un hospital, pero después de estas tres
semanas, puedo asegurar que no tiene nada que ver, ya que los profesionales de
allí son igual de competentes que en cualquier lugar.
Esta semana he empezado en el servicio de pediatría.
En primer lugar, cuando entré por la puerta de la consulta
de la enfermera pediátrica, que en este caso se llama Marta, me empezó a
explicar que las consultas de las enfermeras de pediatría correspondían a un
médico y medio por enfermera, también como funcionaba el abucasis en ese
servicio incluyendo los patrones de mayor y gordon, a pesar, de que ellas no lo
utilizan muy habitualmente. Finalmente que procedimientos íbamos a realizar con
los bebes y niños de diferentes edades.
Marta empezó a explicarme la entrevista que le tendríamos
que realizar a los padres para archivar en nuestra hoja de seguimiento con
preguntas como si se alimentaban por lactancia materna o artificial, la
cantidad de las tomas, si dormían con los padres, la frecuencia de las
deposiciones… también el registro de las vacunas en el abucasis y cuales hay
que inyectar en las diferentes edades. Más adelante, me dijo los procedimientos
básicos de las revisiones, es decir, como pesarlos, medirlos y el perímetro
craneal. En edades más avanzadas las exploraciones del cuerpo por si hay alguna
deformidad, la tensión, la vista…Con todos los procedimientos que me había
explicado, empecé a valorar en cada momento
las clases que nos había dado nuestra profesora Sara el año pasado, ya que
gracias a ello, a pesar que en la realidad todo parece más complicado, he
sabido recordar muchas cosas y he sabido desenvolverme en todo momento con
mucha más facilidad de la que yo podía recordar.
También tuve el gusto de poder estar uno de los días con la
enfermera Pilar, una enfermera más veterana con la que también pude aprender
mucho, y con la cual pude realizar todos los procedimientos por mi sola, ya que
confiaba en que lo podía realizar por mi misma a pesar de la delicadeza con la
que los trataba.
De las cosas que más me impresionó fue cuando vacuné por
primera vez en mi vida a un bebé de 2 meses de vida. Por momentos creí que iba
a ser incapaz y me puse algo nerviosa. Ver esas piernecitas tan pequeñas me
resultaba extraño comparado con los pinchazos a un adulto.
También me sorprende mucho la destreza que han de tener las
enfermeras pediátricas, ya que todas las técnicas que reciben los niños, son
realizadas por ellas. La doctora también colabora, ya que los explora, les
revisa cada y una de las partes del cuerpo, habla con los padres y sus debidas
dudas… pero veo mucho más satisfactorio el trabajo de la enfermera en este
servicio. La enfermera es la que tiene a mayor parte del trato con los padres,
y esto es muy importante ya que los que realmente están muy asustados son
ellos, sobre todo las primerizas, ya que creen que todo lo hacen mal, que el
niño no engorda bastante, que una simple rojez pueda ser un herpes, que si
llora mucho es porque está enfermo… y gracias a la explicación de la enfermera
ellos se relajan y disfrutan más su maternidad.
Es muy satisfactorio poder tratar este servicio ya que
puedes observar que cada niño es un mundo, a pesar que tengan la misma edad o
no, y también el poder tratar niños de todas las edades, ya que los
procedimientos son diferentes y llegas a saber muchas cosas de las cuales
creías que las sabías, pero no.
He de decir, que a pesar de estar muy agusto en este
servicio, prefiero tratar con gente más mayor. Parece que cuando un niño llora
o está enfermo, el sentimiento de tratarlos es mucho más pronunciado y profundo,
ya que al pensar que son tan pequeños todo afecta mucho más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario