viernes, 5 de octubre de 2012

Sintiéndome niña por momentos


Pasan las semanas de mis prácticas en atención primaria, y cada día me sorprende más lo tanto que estoy disfrutando las prácticas. Podría decir que son las prácticas que más estoy disfrutando y aprendiendo de los cuatro años que he realizado.
El centro de salud suele aparentar en el papel de enfermería como un trabajo menos valorado que en un hospital, pero después de estas tres semanas, puedo asegurar que no tiene nada que ver, ya que los profesionales de allí son igual de competentes que en cualquier lugar.
Esta semana he empezado en el servicio de pediatría.
Para ser sinceros, el primer día no sabía como tenía que desenvolver mis funciones como enfermera ya que me sentía un pato ante tales niños que parecen de cristal y que con cualquier mal movimiento van a romperse. Pero a la vez, recordaba mis experiencias vividas cuando yo era esa niña que me hacían revisiones, me ponían las vacunas...y todo me llegaba a resultar como familiar.
En primer lugar, cuando entré por la puerta de la consulta de la enfermera pediátrica, que en este caso se llama Marta, me empezó a explicar que las consultas de las enfermeras de pediatría correspondían a un médico y medio por enfermera, también como funcionaba el abucasis en ese servicio incluyendo los patrones de mayor y gordon, a pesar, de que ellas no lo utilizan muy habitualmente. Finalmente que procedimientos íbamos a realizar con los bebes y niños de diferentes edades.
Marta empezó a explicarme la entrevista que le tendríamos que realizar a los padres para archivar en nuestra hoja de seguimiento con preguntas como si se alimentaban por lactancia materna o artificial, la cantidad de las tomas, si dormían con los padres, la frecuencia de las deposiciones… también el registro de las vacunas en el abucasis y cuales hay que inyectar en las diferentes edades. Más adelante, me dijo los procedimientos básicos de las revisiones, es decir, como pesarlos, medirlos y el perímetro craneal. En edades más avanzadas las exploraciones del cuerpo por si hay alguna deformidad, la tensión, la vista…Con todos los procedimientos que me había explicado,  empecé a valorar en cada momento las clases que nos había dado nuestra profesora Sara el año pasado, ya que gracias a ello, a pesar que en la realidad todo parece más complicado, he sabido recordar muchas cosas y he sabido desenvolverme en todo momento con mucha más facilidad de la que yo podía recordar.
También tuve el gusto de poder estar uno de los días con la enfermera Pilar, una enfermera más veterana con la que también pude aprender mucho, y con la cual pude realizar todos los procedimientos por mi sola, ya que confiaba en que lo podía realizar por mi misma a pesar de la delicadeza con la que los trataba.
De las cosas que más me impresionó fue cuando vacuné por primera vez en mi vida a un bebé de 2 meses de vida. Por momentos creí que iba a ser incapaz y me puse algo nerviosa. Ver esas piernecitas tan pequeñas me resultaba extraño comparado con los pinchazos a un adulto.
Marta me explicó que era muy importante sujertales bien las piernas, ya que un bebé no es consciente de lo que le vamos a realizar y tienen tendencia a estar moviéndose en todo momento. Con ese consejo, y las veces que había visto realizarlo a ella, me lancé a la piscina, y fue todo un éxito la sensación que sentí después de realizarlo. Hay veces que nos sentimos incapaces de hacer algo por los motivos que sean, pero en esta vida se aprende así, a pesar de los temores que podamos tener, hacerlo conforme te explican, y ver que si podemos llegar a ser igual de profesionales como las enfermeras que nos enseñan día a día.
También me sorprende mucho la destreza que han de tener las enfermeras pediátricas, ya que todas las técnicas que reciben los niños, son realizadas por ellas. La doctora también colabora, ya que los explora, les revisa cada y una de las partes del cuerpo, habla con los padres y sus debidas dudas… pero veo mucho más satisfactorio el trabajo de la enfermera en este servicio. La enfermera es la que tiene a mayor parte del trato con los padres, y esto es muy importante ya que los que realmente están muy asustados son ellos, sobre todo las primerizas, ya que creen que todo lo hacen mal, que el niño no engorda bastante, que una simple rojez pueda ser un herpes, que si llora mucho es porque está enfermo… y gracias a la explicación de la enfermera ellos se relajan y disfrutan más su maternidad.
Es muy satisfactorio poder tratar este servicio ya que puedes observar que cada niño es un mundo, a pesar que tengan la misma edad o no, y también el poder tratar niños de todas las edades, ya que los procedimientos son diferentes y llegas a saber muchas cosas de las cuales creías que las sabías, pero no.
He de decir, que a pesar de estar muy agusto en este servicio, prefiero tratar con gente más mayor. Parece que cuando un niño llora o está enfermo, el sentimiento de tratarlos es mucho más pronunciado y profundo, ya que al pensar que son tan pequeños todo afecta mucho más.

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